CROATAS EN ARGENTINA

Inmigración croata en Argentinacolectividad_5_12828403881

La mayor inmigración Croata hacia Sudamérica se dirigió a la república Argentina. Se estima que entre las dos guerras mundiales al rededor de 150.000 inmigrantes croatas ingresaron al país, asentándose principalmente en la provincia de Buenos Aires y el sur de Santa Fe. Se estima que en Argentina viven 250.000 descendientes de los primeros inmigrantes croatas, sin embargo hay fuentes que confirman la presencia de 450.000 personas con alguna ascendencia croata en todo el país.

Los croatas empezaron a emigrar a Argentina en mayores cantidades a partir del año 1848. Existen los primeros datos seguros para el jesuita croata Nikola Plantić, nacido en Zagreb en 1720. Él era profesor de lógica en la Universidad Jesuita de Córdoba. Entre los primeros emigrantes encontramos también al empresario constructor Buratović de la isla de Hvar, quien ya desde el año 1860 construía carreteras, casas y ferrocarriles por toda Argentina.

Aunque a finales del siglo XIX Nikola Mihanović haya sido el fundador de la marina mercante argentina, y varios croatas se destacaron en otros campos de la vida pública argentina, la mayor parte de los croatas en ese país pertenecía a las clases pobres de la sociedad. Los emigrantes de la primera ola pudieron ocupar vastos espacios en las estancias y criar ganado. Varios se mudaron al sur del país y ahí se ocupaban de pequeño ganado. Esos emigrantes tenían problemas con el aprendimiento de la lengua española y al mismo tiempo empobrecieron el conocimiento de su lengua materna, croata. Conseguían el ascenso por la escala social casándose con muchachas locales, pero muchos quedaron solteros.

 

La segunda ola de emigración ocurrió entre el 1918 y 1939, cuando a ese país viajaron croatas de Lika, Kordun, Eslavonia y Srijem. Estos emigrantes fueron inscritos en documentos oficiales argentinos no como croatas sino según los entonces países de su proveniencia: austriacos, yugoeslavos, italianos, húngaros, eslavos, dálmatas.

La tercera y la última ola de emigración ocurrió luego de la Segunda Guerra Mundial entre los años 1945 y 1956, cuando en Argentina entraron 35.000 emigrantes políticos croatas. El mayor mérito para la emigración de croatas luego de la Segunda Guerra Mundial lo tuvo fray Blaž Štefanić, quien en el año 1939 llegó a Argentina como misionero encargado de emigrantes croatas. El entonces presidente de la República Argentina, Juan Domingo Perón, se puso de acuerdo con el director de la emigración y dio su consentimiento a la entrada de 35.000 croatas en Argentina. Esta ola inmigratoria se caracterizó por estar compuesta de profesionales e intelectuales que venían con una fuerte ideología croata. A diferencia de las otras colectividades de Sudamérica, la colectividad croata en Argentina se caracterizó por tener un fuerte patriotismo Croata desde fines de la segunda guerra mundial hasta nuestros días. Los nombres de las instituciones fundadas por los inmigrantes de la última ola llevaron desde siempre nombres croatas, nunca yugoeslavos.

¿A qué se dedicaron?

En cuanto los trabajos, se desempeñaron en actividades tan diversas como la construcción de ferrocarriles y en la construcción del Aeropuerto de Ezeiza. Fue masiva su presencia en el frigorífico Swift. En las tejedurías, que fueron una constante en la ocupación  de los llegados en la segunda posguerra, Ivo Rojnica tuvo un éxito internacional con sus Pulloverfin e Ivolana.  No menos importante es la labor de la señora Music, cuyas manos bordaron los manteles para los altares de las iglesias no sólo croatas sino también para templos locales de San Telmo.

En la tipografía también era factible encontrar inmigrados o descendientes croatas. Octavio Hornos Paz, durante décadas secretario del diario  La Nación, recordó cuando en los 50’ los tipógrafos estaban en huelga  se decía: “Llamemos a los croatas”. Los croatas no estaban agremiados y cubrían la urgencia del diario.

Luego de la Segunda Guerra Mundial llegaron al país más de 20.000 refugiados políticos. De éstos, un alto porcentaje tenía estudios avanzados, pero el desconocimiento del español obligó a muchos al trabajo físico: algunos fueron empleados en la construcción del Aeropuerto de Ezeiza, la Avenida General Paz y en otras obras durante la presidencia de Perón.

En este grupo, encontramos también ingenieros de bosques, como Josip Balen, Ivica Frkovic – que había sido ministro de Bosques y Minería en Croacia – los hermanos Hranilovic, Jure Petrak, Ivica Asancaic, Luka Poduje y Casimir Uhrin. Y los hubo especialistas en genética agropecuaria, como Josip José Crnko, Ante Turica y Jure Devcic, todos ellos con muchas investigaciones y publicaciones y de importante actuación en el INTA y el INTI; Marcel Bakarcic en el Delta; Stjepan Horvat en el Instituto Geodésico Militar. En el campo de la ingeniería  química hubo muchos, como Tomislav Kopsic, Nikola Matijevic y el académico de Letras Dinko Cvitanovic. Lucas Kraglievich fue un destacado paleontólogo, discípulo de Florentino Ameghino y continuador de su obra.

Este grupo de exiliados se caracterizó por ser, en general, de una preparación intelectual y profesional considerable que pronto los distinguió de los descendientes de inmigrantes más antiguos ya asentados en la Argentina a comienzos del siglo, por razones económicas. Los motivos de su exilio los reunieron en actividades relacionadas con lo cultural, lo religioso y lo político.